sábado, 10 de septiembre de 2011

arreglo floral

Si conociera el valor de esa excusa
podría comer una manzana tranquilo, o hablar seriamente de cualquier tema.
En cambio paso mis horas frente al arreglo floral,
me abstengo de manosearlo (como un adicto).
Lo miro y me veo saltando sobre él, agitado, ilimitado.
¿Evitar esto es inteligencia?
Los codos en la mesa, las manos en las retinas. Provocan, presionan:
¿sacar un jugo?
para encontrar la moneda en la selva, de una vez.

Las flores tienen un movimiento tan
que

me acomodo. Un suspiro: descruzar piernas, arremangarse (un pianista
prolijo)
sin apuro.

El vaso trae sed.
Mis vasos suenan a ofensa
como mirar un arreglo floral
y darle agua.

A continuación, haré un gesto:
soplar la rosa, o torcer el ramo, un poco a la izquierda, así:
el ocultamiento del pétalo sucio.
No es lo que quería.

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