miércoles, 1 de agosto de 2012

Llegue con mi hermana al cumpleaños de un amigo en la 6 ta ,la casa no era la de él, era un lugar lúgubre.
Teníamos miedo porque estábamos en el auto, era de noche, cuando quisimos cruzar la calle vimos a las motos en la esquina esperando nuestros pasos. Yo crucé, mi hermana no. Toqué el timbre desesperada. Cruzó mi hermana, las motos pasaron.
Yo tenia puesto un jogging y una campera de ski, hacía mucho frio.
Sentado en una almohada, o algo parecido, estaba él, sin pelo ni barba, con pinta de enfermo.
Había mas gente y casi todos eran del colegio, me avergoncé, no me acordaba los nombres.
En el momento de soplar las velitas y cantar el feliz cumpleaños, se perdió mi hermana, yo la llamé con gritos desesperados y apareció. Me dijo que no me preocupara que estaba en el sótano con él y con un compañero del colegio, estaban viendo tele. Bajamos juntas, yo lo ignore.


lunes, 23 de julio de 2012




 hoy es lunes y cierran los parques:
es cuestión de dedicarse a las pequeñas cosas,
la ternura de los errores de ortografía,
la nostalgia de las fotos imperfectas.
no hay mucho más,
el día está gris y es bueno estar un poco triste,
un poco llorando en la voz.
escuché que se puede afeitar una lágrima,
escuché una forma de hablar que me gustó,
una forma de armar un grito y tirarlo
a un blanco móvil.
hoy es lunes y todo se mueve en minúsculas,
lo constante son los colectivos
y el viento en las avenidas.
arriba de los colectivos y las estaciones de servicio
hay luces fuertes,
y una de ellas es la luna

lunes, 26 de marzo de 2012

domingo, 25 de marzo de 2012

para continuar o burn after reading!

estaba pensando en pensamientos y en canciones,
en cuántas cosas se evitan al hacer y cuántas se provocan al omitir,
en que uno no es tan culpable por lo que hace ni tan inocente por lo que deja de hacer
en si existe esa isoterma de honestidad que alguna vez hablamos,
en la que nos movemos tratando de hacer equilibrio en la soga de cada uno, que no existe, pero que es lo único que existe en realidad..
en que todo lo que te hace bien puede también hacer mal (como diría el fito pá)
en muchas cosas más,
como las dos caras de la ambición,
en las caras de las cosas por un libro que hojée por ahi
en el mareo y el equilibrio
y no sé que más...

lunes, 19 de marzo de 2012

no se puede vivir tranquilo che..

Me ocurrió ayer...Debo decir que nada puede igualarse, en ciertos aspectos, en cierto modo, con el horror del dilema que viví...Me encontré en la situación en que lo humano que hay en uno debe vomitar...Podría decirlo. Puedo atormentarme o no con esto, en realidad sólo depende de mí.
Estaba acostado bajo el sol, estratégicamente situado en la cordillera que forma la arena acumulada por el viento en el extremo de la playa. Son unas montañas de arena, dunas, ricas en colinas, vertientes, valles, un laberinto curvilíneo y polvoriento, en algunas partes coronado por un arbusto que vibra bajo el incesante empuje del viento. A mí me protegía una Jungfrau bastante alta, noblemente cúbica, altiva, pero a unos diez centímetros de mi cabeza empezaba el ventarrón que azotaba sin tregua un Sahara quemado por el sol. Unos escarabajos- no sé cómo llamarlos- erraban penosamente por ese desierto, con fines ignorados. Y uno de ellos, al alcance de mi mano, yacía patas para arriba. Lo había volteado el viento. El sol le quemaba el vientre, lo que tenía que ser particularmente desagradable si se toma en consideración que ese vientre suele permanecer moviendo las patitas, y sabía que no le quedaba sino ese monótono y desesperado movimiento de las patas...ya desfallecía, quizás llevaba así muchas horas, ya agonizaba.
Yo, gigante inaccesible para él, con una inmensidad que me hacía ausente para él, miraba ese movimiento... alargué la mano y lo libré del suplicio. Se puso a caminar hacia delante. En un segundo había vuelto a la vida.
Apenas lo había hecho, cuando vi un poco más allá a otro escarabjo idéntico al anterior, en idéntica situación. Movía las patitas. Y el sol le quemaba el vientre. No tenía ninguna gana de levantarme... Pero, ¿por qué salvar a uno y al otro no? ¿Por qué a aquél, mientras que a este...? Hiciste a uno feliz, ¿pero tiene que sufrir el otro?Tomé una ramita, alargué la mano... lo salvé.
Acababa de hacerlo cuando vi un poco más allá a otro escarabajo idéntico, en posición idéntica. Movía las patitas y el sol le quemaba el vientre.
¿Debía transformar mi siesta en un servicio de socorros de emergencia para escarabajos agonizantes? Pero ya me había familiarizado demasiado con ellos, con su ridículamente indefenso movimiento de las patitas... y comprenderán quizá que que si ya había empezado a salvarlos no tenía derecho a detenerme precisamente en el umbral de su derrota... demasiado cruel y en cierta forma imposible, imposible de cometer... ¡Bah! Si entre aquél y los que había salvado existiera alguna frontera, algo que me autorizara a desistir... pero no había nada, solamente diez centímetros de arena más, siempre el mismo espacio arenoso, "un poco más lejos" es verdad, pero solamente "un poco". Y movía las patitas de la misma manera. Sin embargo, después de mirar a mi alrededor vi "un poco" más lejos a cuatro escarabajos moviendo las patitas, abrazados por el sol... no había remedio, me levanté y los salvé a todos. Se fueron.
Entonces apareció ante mis ojos la vertiente deslumbradora-calcinante-arenosa de la loma vecina y en ella cinco o seis puntitos que movían las patas: escarabajos. Me apresuré a salvarlos. Los salvé. Y ya me había quemado tanto con su tormento, integrado a ellos, que al ver cerca otros escarabajos, en las llanuras, en las colinas, en las barrancas, aquella islita de puntos torturados, empecé a moverme en la arena como un loco, ¡ayudando, ayudando! Pero sabía que eso no podía continuar eternamente, pues no sólo esta playa sino toda la costa hasta más allá de donde la vista se perdía estaba sembrada de ellos, entonces tenía que llegar el momento en que diría "basta" y tenía que llegar a un escarabajo que ya no salvaría. ¿Cuál? ¿Cuál? ¿Cuál? A cada rato me decía "éste", pero lo salvaba, no pudiendo decidirme a la terrible, casi ingominiosa arbitrariedad- ¿por qué ése, por qué aquél? Hasta que al fin se realizó en mí la quiebra, de pronto, llanamente, suspendí en mí la compasión, me detuve, pensé con idiferencia "bueno, debo regresar", recogí mis cosas y me marché. Y el escarabajo, ese escarabajo ante el que interrumpí mi socorro quedó moviendo las patitas (lo que en realidad ya me era indiferente, como si hubiera perdido el interés por ese juego... pero sabía que tal indiferencia me era impuesta por las circunstancias y la llevaba en mí como algo ajeno) .


de witold, sí..

lunes, 5 de marzo de 2012

El ruido del metal desafina el resto de las cosas.

Son las tijeras que cortan y forman.

Cuerpos y letras.

Hay adornos humillados sobre el mueble.

Al fin, el ruido de los guantes de goma

enmascarando las manos pálidas.

Frotar una hormiga contra el mármol,

borrar con algodón.

La camilla se enfría,

y el plato masticado también.

Se separa tal cual se nombra

cada cuarto encerrado.

Hambre y náusea, las dos quietas

en el espacio.

sobre la esma asma

El ruido del metal desafina el resto de las cosas.

Son las tijeras que cortan y forman.

Cuerpos y letras.

Hay adornos humillados sobre el mueble.

Al fin, el ruido de los guantes de goma

enmascarando las manos pálidas.

Frotar una hormiga contra el mármol,

borrar con algodón.

La camilla se enfría,

y el plato masticado también.

Se separa tal cual se nombra

cada cuarto encerrado.

Hambre y náusea, las dos quietas

en el espacio.