El ruido del metal desafina el resto de las cosas.
Son las tijeras que cortan y forman.
Cuerpos y letras.
Hay adornos humillados sobre el mueble.
Al fin, el ruido de los guantes de goma
enmascarando las manos pálidas.
Frotar una hormiga contra el mármol,
borrar con algodón.
La camilla se enfría,
y el plato masticado también.
Se separa tal cual se nombra
cada cuarto encerrado.
Hambre y náusea, las dos quietas
en el espacio.
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