Estuve toda la mañana pensando en que no podía delegar mi responsabilidad, entonces organicé mi día para hacerla a tiempo.
Salí de mi punto de partida consiente del lugar a donde tenía que llegar.
No era cerca , tampoco lejos.
Antes de salir elegí un camino .
Uno que no desviara mi atención, que solamente me llevara a ese lugar al que debía ir para poder cumplir con mi encomienda, aunque aburrido y llano, esa vía confluyó con otra de aparente atractivo.
No se me planteó la encrucijada que presuponía. Esta nueva dirección era más próxima al destino final , por lo que reprimí el deseo de mirar a los costado a sabiendas que sólo distraerían mi atención. Para no abandonar el llano horizonte ,cambié el punto de vista (siempre con la idea del destino final fija).
Sin darme cuenta doble y cumpli lo prometido...
Si Gombrowicz me hubiera conocido le daria asco la mitad de mi.
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